¿Qué necesita Latinoamérica para ser un continente emprendedor? Parte II

¿Qué necesita Latinoamérica para ser un continente emprendedor? Parte II

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¿Por qué debería leer este artículo? Podemos cambiar Latinoamérica en menos de cincuenta años. Es un hecho. Sin embargo, debemos empezar hoy. La semana pasada iniciamos la reflexión sobre un ecosistema que fomenta el desarrollo económico por medio del emprendimiento. Los siete ingredientes que analizamos son cultura emprendedora, emprendedores, gobierno, demanda, invención, fondos e infraestructura. Hoy nos preguntaremos cómo cambiar una cultura, ¿es posible lograrlo?

Para aproximarnos a una recomendación, definamos cultura. Según el más reciente estudio mundial sobre cultura, GLOBE, la cultura es la combinación de “motivos compartidos, valores, creencias, identidades e interpretaciones o significados de eventos importantes que resultan de experiencias comunes de miembros de colectivos que son transmitidos por generaciones” (House, et. al, 2004).

Por ejemplo, para analizar la cultura guatemalteca, basta contar cuántos monumentos tenemos que honran personajes bélicos, así que nos debe extrañarnos que seamos violentos, además, cuando vamos en medio del tráfico es común decir: “Seguro mataron a alguien por ahí”; otras señales que nos hablan de nuestra cultura son la tolerancia a la impuntualidad que justificamos como “hora chapina”, el uso de frases de negociación perder-perder como “ni usted ni yo”, y de frases derrotistas como “aquí, jalando la carreta”. Otras actitudes que reflejan nuestra cultura, de cierta manera conformista, son los chistes sobre la situación política y la corrupción, ya que incluso decimos que se podría armar un gabinete gubernamental desde el sector doce de la prisión y criticamos a los gobernantes de turno, quizá sin haber leído su plan de gobierno antes de votar, si es que votamos en lugar de salir de viaje ese fin de semana. ¿Cómo cambiar la cultura?

Responder esta pregunta me llevará más de un artículo. Sin embargo, hoy empezaremos analizando aspectos culturales para luego profundizar en posibles cambios. Hace algunos meses, en una columna que escribo para Siglo 21, analicé el caso de Singapur, país que en menos de una generación cambió de ser una nación en desarrollo a una de primer mundo. Un país donde los líderes del gobierno ganan en base a indicadores clave de desempeño (KPI’s) y tienen bonos variables. No en vano Harvard escribió un caso titulado “Singapur, S.A.” por su similitud a una empresa de alto desempeño. Primera lección: Un plan concreto, bien ejecutado, permite cambiar una cultura.

¿Ha cruzado alguna vez una calle en Estados Unidos? ¿Ha manejado un automóvil en Estados Unidos? Cuando un latinoamericano llega a territorio norteamericano, automáticamente se transforma en un ciudadano ejemplar que cruza las calles por las esquinas, que respeta a los peatones y los límites de velocidad, y que maneja con extremo cuidado. ¿Por qué? Si usted infringe la ley, paga caro las consecuencias. Adicionalmente, observa que todas las personas actúan de esa forma. Segunda lección: El cumplimiento de las normas y el ejemplo colectivo generan una cultura.

Hemos adoptado palabras, valores, motivos, experiencias, creencias e interpretaciones a eventos que compartimos de generación a generación. Nuestra cultura es producto de los líderes que elegimos, de los personajes que exaltamos y aquello que castigamos. ¿Se premia a los empresarios en nuestro país? ¿Nos alegramos del éxito ajeno o simplemente envidiamos silenciosamente? ¿Nos reímos cuando hacen chistes de los “cangrejos latinos” que son aquellos que se botan unos a otros? ¿Cómo hablamos de nuestro país en el extranjero? Tercera lección: Somos producto de nuestras palabras y del contenido de nuestra comunicación.

¿Qué hizo Estados Unidos al invadir Irak? Derribar las estatuas del antiguo régimen. Las estatuas derribadas significaban acabar con los símbolos de la antigua cultura. Por ejemplo, ¿Conoces cuántas estatuas hay en Guatemala que exalten artistas famosos? Es triste ver que el monumento a nuestro Premio Nobel en literatura, Miguel Ángel Asturias, ha perdido elementos, algunas de las hojas sueltas que lo integraban, porque ¡Se las han robado! ¿A quiénes les hacemos estatuas? ¿Qué valores resaltamos con ello? Cuarta lección: Nuestros símbolos visibles marcan nuestra cultura.

Lo siguiente será explorar los modelos de cambio cultural que sugieren diversos autores. ¿De qué forma contribuimos a modelar nuestra cultura? Todos somos Latinoamericanos. Yo soy Latinoamericano. Vale la pena reflexionar sobre esta cuestión: ¿Cómo representa usted a Latinoamérica?

Cierro con un reto a los emprendedores que hoy leen y buscan agregar valor a su aprendizaje:

¿Qué están haciendo hoy por alcanzar sus sueños?

 

Julio Zelaya, PhD

jzelaya@emprendeu.com

Fundador, Emprende U